"A Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre".
Esta es una de esas frases emblemáticas que ya forman parte de nuestra memoria cinéfila colectiva. Escarlata O'Hara con un puñado de tierra de su amada Tara en lo alto de la colina, una frase y una imagen del maravilloso y memorable clásico "Lo que el Viento se llevó".
O quién no recuerda esa otra de "Casablanca":
"Siempre nos quedará París". Rick despidiéndose del amor de su vida Ilsa.
Bueno no pretendo con esta entrada hablar de cine aunque también me gusta, sobre todo el cine clásico, pero ya hay blogueros cinéfilos maravillosos cuyas críticas son una delicia leer, pensando estaba en un blog amigo que sigo con asiduidad y que os recomiendo sin género de dudas, Motel Purgatorio, inquietante nombre para un blog de cine y absolutamente fantástico. No os lo perdáis.
Dicho lo cual paso a redactar el motivo de esta entrada que no es otro que el de analizar una de esas frases de película que pasarán para siempre a formar parte de los anales de la historia del cine. Pensando estaba en la frase inolvidable de "Love Story": "Amar significa no tener que decir nunca lo siento."
¿Esto qué quiere decir? ¿Que nunca vas a pedir perdón a tu pareja si metes la pata? ¿O que nunca metes la pata y por lo tanto nunca tienes necesidad de pedir perdón?
Esta es una de esas frases sin sentido, bajo mi humilde punto de vista, que sorprendentemente ha circulado como si fuera una hermosa declaración de amor. Probablemente solo el guionista sabía lo que quería decir, sin embargo se ha repetido hasta la saciedad sin compartir nadie su significado más literal (estoy segura de eso) como la declaración de amor más sublime.
¿Acaso no es una muestra de amor el reconocer tus errores y pedir perdón?
El amor a nuestro amado hará que digamos "lo siento" todas las veces que sea necesario, porque nos duele herirlo, porque nos duele su dolor si lo hemos ofendido.
"Love Story" es sin duda una gran película, una hermosa historia de amor con triste final ciertamente, pero de esas que las almas sensibles disfrutan llorando a moco tendido, como yo. Pero esta frase está equivocada.
Amar significa saber decir "lo siento mi amor, perdóname". Así que ama sin medida y si puedes perdona sin reservas.
martes, 4 de noviembre de 2014
martes, 7 de octubre de 2014
LA NOCHE TATUADA
De la mano de mi querida amiga Tess me lancé a descubrir, en edad tardía, también he de decirlo, el mundo de la poesía. He hablado de ella, de la poesía, en alguna ocasión y he de decir que tengo necesidad de volver a hacerlo.Durante todo el invierno pasado ocupé muchas de sus largas tardes en escuchar poesía, sí, poesía de la mano del propio poeta, descubriendo un mundo de sentimientos que en más de una ocasión hicieron aflorar todas mis emociones. Poesía con Norte, evento anual que aprovecho a publicitar, me acercó al mundo de los versos de la mano de poetas grandes como Colinas, Gamoneda, Oliván o Maruri.
A todo esto mi amiga Tess seguía a un poeta por una red social y cuando éste publicó su poemario mi amiga me regaló un ejemplar.
¡Oh! qué maravilloso descubrimiento, poesía de la que a mí me gusta, de la que me llega al alma poniéndome la piel de gallina. Sin palabras altisonantes pero derechas al corazón, directas a mi corazón. La Noche Tatuada de Alfonso Brezmes. Qué delicia de lectura. Mi mayor deseo hubiera sido que Brezmes firmara mi ejemplar que guardo como oro en paño. Lamentablemente llegué tarde a Madrid y no tuve ese honor. Pero leo y releo sus poemas que arrancan suspiros y remueven entrañas, mis suspiros y mis entrañas, tatuando todas mis noches con tinta indeleble.
Dicho esto, que a alguno le podría sonar exagerado pero a los que me conocen no, os dejo un par de poemas que a mí en particular me han enamorado, sí, sí, me han enamorado.
LA LUNA Y EL LAGO
Procuro olvidarte
como la luna olvida
su reflejo en el lago,
sólo porque sabe
que habrá otras noches
y-para qué engañarte-
habrá otros lagos...
ANTOLOGÍA
No temas,
no está dormido el mundo,
es tan sólo que alguien
se dejó este libro abierto
por uno de esos poemas
que me da por escribir,
cuando despierta la luna
y empiezo de nuevo a soñarte.
Actualmente sigo a Brezmes por la red social y además de deleitarme con sus versos y con su ingenio me deleito con su persona amable, agradable y con un gran sentido del humor.
No te pierdas esta maravilla, fruto de la cosecha del 66, una de las mejores del siglo XX. ;)
viernes, 26 de septiembre de 2014
MODO SILENCIO
En esta era de la tecnología quién no tiene un móvil. Se ha vuelto una de esas herramientas imprescindibles que uno se pregunta cómo narices nos las hemos podido arreglar sin ella hasta ahora. Se supone que todas esas cosas nos facilitan la vida y nos hacen estar en permanente comunicación con otras personas. Supongo que con ese propósito se crearon las redes sociales.Y es que el ser humano tiene necesidad de estar en contacto con otros de su especie igual da el país o lugar en el mundo en el que se halle, necesidad le esta impuesta de comunicarse. Tal vez nos hemos convertido en unos adictos a todas estas modernidades. Facebook, Twitter, Instagram, Tuenti y demás redes sociales sin olvidarnos de las diferentes aplicaciones existentes, prácticamente una para cada cosa que quieras hacer. Y buscando entre esas aplicaciones "movilísticas" encontramos la joya de la corona... WathsApp. Se nos acusa (me incluyo) de estar enganchados a todas estas aplicaciones en general y al WathsApp en particular, pero yo me pregunto, ¿estamos enganchados al smartphone o estamos enganchados a la persona que está al otro lado y que interactúa con nosotros?
Ciertamente es triste ver a un grupo de amigos cada cual con su smartphone enfrascados en otras conversaciones como si no tuvieran nada que decir salvo con el que está al otro lado del teléfono. En eso creo que hay que mejorar sin ninguna duda. ¿Nos valemos de estas aplicaciones para comunicarnos más o éstas hacen que nos aislemos más? No estaría mal una reflexión de parte de cada uno de nosotros. Y sí, esto también da para escribir una poesía o como lo queráis llamar, pero estoy segura de que mas de uno se sentirá identificado con esa sensación de vacío por el Wathsapp no contestado.
"Tengo el móvil en modo silencio
para que no despierte los sueños ajenos.
Llegan los mensajes que vibran bajo mi almohada
como mi corazón en tu palma
expuesto y tembloroso,
lo puedes lanzar jugando al frontón
o lo puedes guardar en tu memoria interna de contactos.
Tengo el móvil en modo silencio.
Solo la luz parpadeante me sugiere tu deseo
por mis manos, por mi cuerpo
que se enciende con tus letras
siempre listo para ti.
Tengo el móvil en modo silencio
y su silencio me asusta
porque es tu silencio,
tu ausencia de luz en mi pantalla.
Y mi cuerpo se silencia,
mi corazón ya no está en modo "on"
y mi móvil muere y muero yo."
sábado, 20 de septiembre de 2014
SENSACIONES
A veces tengo la terrible sensación de que nada de lo que hago está bien o que todo lo que hago está mal. Es una sensación tan desagradable como la arena en los ojos o la mirada lasciva del gordo apoyado en la esquina.
Cuando tengo uno de esos días en los que parece que no doy ni una me pregunto qué narices hago yo en este mundo. Gracias a Dios esos arrebatos me duran lo que tardo en escribir esta entrada.
Añadamos a esto la sensación de tener que ser perfecta, estar perfecta y sonreír perfectamente. Como si una no tuviera derecho a tener un mal día. Si tu entorno te ve mal repercute en todos ellos, ¡leches pues sí que soy importante! O que constantemente te estén recordando que tienes una edad y que esto o aquello no es apropiado. Esta es una sensación peor que las anteriores y la odio con todas mis fuerzas, sí, porque cuando odio es siempre con todas mis fuerzas, no sé odiar flojito, del mismo modo que no sé amar flojito. De hecho quiero que en mi epitafio ponga "Odio estar aquí con todas mis fuerzas", porque todos mis sentimientos son con todas mis fuerzas, no tengo termino medio, para pesar de muchos y tal vez del mío propio.
Dicho esto, pido solemnemente que se me deje de juzgar, que se me deje sentir y vivir como me sale... del alma.
Cuando tengo uno de esos días en los que parece que no doy ni una me pregunto qué narices hago yo en este mundo. Gracias a Dios esos arrebatos me duran lo que tardo en escribir esta entrada.
Añadamos a esto la sensación de tener que ser perfecta, estar perfecta y sonreír perfectamente. Como si una no tuviera derecho a tener un mal día. Si tu entorno te ve mal repercute en todos ellos, ¡leches pues sí que soy importante! O que constantemente te estén recordando que tienes una edad y que esto o aquello no es apropiado. Esta es una sensación peor que las anteriores y la odio con todas mis fuerzas, sí, porque cuando odio es siempre con todas mis fuerzas, no sé odiar flojito, del mismo modo que no sé amar flojito. De hecho quiero que en mi epitafio ponga "Odio estar aquí con todas mis fuerzas", porque todos mis sentimientos son con todas mis fuerzas, no tengo termino medio, para pesar de muchos y tal vez del mío propio.
Dicho esto, pido solemnemente que se me deje de juzgar, que se me deje sentir y vivir como me sale... del alma.
lunes, 8 de septiembre de 2014
UN NIETO
Hay experiencias en la vida que nos marcan para siempre, como el casarse, el tener un hijo o la muerte de un ser querido.Todas estas las he experimentado y han dejado una huella indeleble en mi persona. Pero hay una vivencia extraordinaria que me está tocando vivir ahora mismo, la de ser abuela.
Mucho había leído y oído sobre lo extraordinario de tener nietos. Absolutamente todos los abuelos que conozco coinciden en que es algo único y entrañable. Pensaba que esa apreciación era un tanto exagerada pues para mí lo más extraordinario y maravilloso de esta vida es ser madre, (o padre, vamos). Sin duda mis tres hijos son lo mejor que he hecho en mi vida, un pleno en la diana de mi existencia. Pero hace cuatro días fui abuela, sí joven pero abuela y he de decir que es tan maravilloso y extraordinario como ser madre.
Cuando vi a mi nieto por primera vez, ese ser tierno, esa manzanita dulce, me pareció lo más hermoso que he visto nunca. Y cuando por fin lo tuve en mis brazos, fue uno de los momentos más sublimes de mi vida. Aquella criaturita llevaba mi sangre, era parte de mí, mi descendencia. Tantos sentimientos han inspirado mis relatos, mis poemas que naturalmente esta personita que acaba de llegar a mi vida no podía ser menos. Así que aquí os dejo estos versos que salieron con solo pensar en el roce de su piel.
"Te hiciste de rogar,
nueve meses y nueve días,
de amarte en tu silencio,
de amarte en tu oscuridad.
Se gestó mi amor
en las entrañas de tu madre
y creció al ritmo de tus tejidos
al ritmo de mis sentidos.
Llegaste al mundo
sin ser fruto de mi vientre pero
siendo fruto de mi propia sangre.
Eres mi herencia
en los caudales del mundo,
completando mi círculo,
completando mi orgullo.
Estarás para siempre
en cada esquina de mi alma,
de la mano de tu padre
que fue mi parto
que fue mi gozo.
Te hiciste de rogar
pero ya te tengo entre mis brazos.
Serás mi consuelo,
serás la luz en mi vejez."
miércoles, 23 de julio de 2014
TU VOZ
Estoy segura de que todos nos hemos imaginado a una persona con solo oír su voz. Escuchamos a ese locutor de radio, de voz sensual y automáticamente le ponemos cara. Lo hacemos incluso con el operario que no nos quiere dar de baja de un servicio via telefónica, pasándonos de una extensión a otra con la música de espera en un bucle cerrado sin fin, así que cuánto más si la persona con la que estamos hablando la conocemos bien.
Pero, ¿y si la conversación es con la persona amada? ¿No nos encantaría ver la cara de nuestro enamorado, cuando decimos que le amamos, sus gestos, sus reacciones?
Como la romántica empedernida que soy, subo un poema, sí un poema mío, de esos que me salen de las tripas. De esos que de manera torpe intentan plasmar sentimientos, mis sentimientos, sí míos. No soy muy prolija en esto de subir mis poemas, si es que merecen ese calificativo, pero hoy siento esa necesidad. Sí, hoy escribo un poema inspirado en la voz al otro lado del teléfono. Sus sensaciones, mis sensaciones.
"Te intuyo al otro lado del hilo telefónico,
imagino tus manos temblorosas marcando mi número,
el número de mi deseo, el número de tu pasión.
Dejo que suenen las señales, una, dos... respiro hondo
me recompongo y a la tercera señal, contesta mi boca
con un corazón dentro que late con fuerza
ahogando mis cuerdas vocales.
"Hola mi vida" suena tu voz acariciando mi cara,
mi cuello, mi espalda.
Tu voz cálida que lame el lóbulo de mi oreja,
encendiendo las alarmas de la costa de mi vientre
como el agua de una presa desbordada.
Y muero a cada palabra tuya
que se esconde en cada pliegue de mi piel,
en mis corvas, en mis ingles.
Te escucho en silencio, me deleito en tu voz,
memorizando y anotando en el bloc de mis entrañas
cada coma, cada acento, cada suspiro.
Suspiros que me arrancas recorriendo kilómetros
hasta llegar a ti perdiendo el norte.
Una rosa de los vientos sin el pétalo de la cordura.
Así te intuyo, así te sueño, así te siento,
así te quiero."
Pero, ¿y si la conversación es con la persona amada? ¿No nos encantaría ver la cara de nuestro enamorado, cuando decimos que le amamos, sus gestos, sus reacciones?
Como la romántica empedernida que soy, subo un poema, sí un poema mío, de esos que me salen de las tripas. De esos que de manera torpe intentan plasmar sentimientos, mis sentimientos, sí míos. No soy muy prolija en esto de subir mis poemas, si es que merecen ese calificativo, pero hoy siento esa necesidad. Sí, hoy escribo un poema inspirado en la voz al otro lado del teléfono. Sus sensaciones, mis sensaciones.
"Te intuyo al otro lado del hilo telefónico,
imagino tus manos temblorosas marcando mi número,
el número de mi deseo, el número de tu pasión.
Dejo que suenen las señales, una, dos... respiro hondo
me recompongo y a la tercera señal, contesta mi boca
con un corazón dentro que late con fuerza
ahogando mis cuerdas vocales.
"Hola mi vida" suena tu voz acariciando mi cara,
mi cuello, mi espalda.
Tu voz cálida que lame el lóbulo de mi oreja,
encendiendo las alarmas de la costa de mi vientre
como el agua de una presa desbordada.
Y muero a cada palabra tuya
que se esconde en cada pliegue de mi piel,
en mis corvas, en mis ingles.
Te escucho en silencio, me deleito en tu voz,
memorizando y anotando en el bloc de mis entrañas
cada coma, cada acento, cada suspiro.
Suspiros que me arrancas recorriendo kilómetros
hasta llegar a ti perdiendo el norte.
Una rosa de los vientos sin el pétalo de la cordura.
Así te intuyo, así te sueño, así te siento,
así te quiero."
miércoles, 2 de julio de 2014
LA RIDÍCULA IDEA DE NO VOLVER A VERTE
Sin ser una novela propiamente dicha, este libro me ha conmocionado de algún modo. Rosa Montero nos acerca a través de sus palabras a la muerte que forma parte de la vida, pero no lo hace de una manera morbosa, sino de una manera natural tal vez porque haya algo de natural en un hecho que yo considero antinatural como es la muerte, de lo contrario seríamos capaces de aceptar la muerte de un ser querido como un proceso gripal o algo así. Quizás resulta más fácil aceptar nuestra propia muerte, aunque yo no estoy muy segura de eso, pero de lo que sí estoy completamente segura es de que es imposible aceptar la muerte de un ser querido.
Rosa Montero escribe su libro desde su prisma como viuda doliente que siente la imperiosa necesidad de hablar de su esposo. Pero la novela en realidad se centra en Marie Curie y en los diarios a su esposo fallecido Pierre. A través de ella, Rosa habla de su propia vivencia con la muerte de su esposo Pablo y yo a través de ellas recuerdo mi propia vivencia con la muerte de mi padre, el ser más cercano a mí que perdí hace dos años y medio y que aún a día de hoy no consigo pensarle sin que mis ojos se aneguen en lágrimas.
Un párrafo que considero trascendental del libro es este:
"Sí, hay que hacer algo con la muerte. Hay que hacer algo con los muertos. Hay que ponerles flores. Y hablarles. Y decir que les amas y siempre les has amado. Mejor decírselo en vivo, pero, si no también puedes decírselo después. Puedes gritarlo al mundo. Puedes escribirlo en un libro como este. Pablo, qué pena que olvidé que podías morirte, que podía perderte. Si hubiera sido consciente, te habría querido no más, pero mejor. Te habría dicho muchas más veces que te amaba. Habría discutido menos por tonterías. Habría reído más."
Y yo no puedo evitar pensar en mi padre y en todas las cosas que me quedaron por decirle pero que hago ahora, como hice en una entrada anterior, me dirigí a mi padre y le hablé a él porque sentía esa necesidad, como la siente Rosa Montero o como la sentía Marie Curie.
Aunque es un libro que ha empañado mis ojos en más de una ocasión, no te deja mal cuerpo, casi al contrario, te llena de paz interior, porque uno ve reflejados sus propios sentimientos en él, y se da cuenta de que esas emociones no son tan extrañas. La propia autora lo refleja en otro de sus párrafos:
"De algún modo, el narrador es como un médium: sus palabras son la expresión de muchos. Y al escribir, uno siente ese compromiso, esa pulsión de hablar por los otros o con los otros."
Describiría el libro como una obra que no solo te hace mirar a la muerte y aceptarla como viene sino que te acerca al personaje de Marie Curie, que he de reconocer para mí ha sido un descubrimiento. Lejos de ser una mujer fría, ese era el concepto que yo tenía de ella, era una mujer incansable, curiosa, creativa, luchadora, una mujer ávida de conocimiento y apasionada e intensa en el amor.
Atrévete con este libro que removerá tus entrañas sin causarte dolor.
Rosa Montero escribe su libro desde su prisma como viuda doliente que siente la imperiosa necesidad de hablar de su esposo. Pero la novela en realidad se centra en Marie Curie y en los diarios a su esposo fallecido Pierre. A través de ella, Rosa habla de su propia vivencia con la muerte de su esposo Pablo y yo a través de ellas recuerdo mi propia vivencia con la muerte de mi padre, el ser más cercano a mí que perdí hace dos años y medio y que aún a día de hoy no consigo pensarle sin que mis ojos se aneguen en lágrimas.
Un párrafo que considero trascendental del libro es este:
"Sí, hay que hacer algo con la muerte. Hay que hacer algo con los muertos. Hay que ponerles flores. Y hablarles. Y decir que les amas y siempre les has amado. Mejor decírselo en vivo, pero, si no también puedes decírselo después. Puedes gritarlo al mundo. Puedes escribirlo en un libro como este. Pablo, qué pena que olvidé que podías morirte, que podía perderte. Si hubiera sido consciente, te habría querido no más, pero mejor. Te habría dicho muchas más veces que te amaba. Habría discutido menos por tonterías. Habría reído más."
Y yo no puedo evitar pensar en mi padre y en todas las cosas que me quedaron por decirle pero que hago ahora, como hice en una entrada anterior, me dirigí a mi padre y le hablé a él porque sentía esa necesidad, como la siente Rosa Montero o como la sentía Marie Curie.
Aunque es un libro que ha empañado mis ojos en más de una ocasión, no te deja mal cuerpo, casi al contrario, te llena de paz interior, porque uno ve reflejados sus propios sentimientos en él, y se da cuenta de que esas emociones no son tan extrañas. La propia autora lo refleja en otro de sus párrafos:
"De algún modo, el narrador es como un médium: sus palabras son la expresión de muchos. Y al escribir, uno siente ese compromiso, esa pulsión de hablar por los otros o con los otros."
Describiría el libro como una obra que no solo te hace mirar a la muerte y aceptarla como viene sino que te acerca al personaje de Marie Curie, que he de reconocer para mí ha sido un descubrimiento. Lejos de ser una mujer fría, ese era el concepto que yo tenía de ella, era una mujer incansable, curiosa, creativa, luchadora, una mujer ávida de conocimiento y apasionada e intensa en el amor.
Atrévete con este libro que removerá tus entrañas sin causarte dolor.
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