miércoles, 19 de agosto de 2026

EL CLUB DUMAS

Fiel a mi trayectoria os traigo otra "novedad". Esta novela de Pérez-Reverte del año 1993 nada más y nada menos. 

Es posible que después de Isabel Allende, sea Pérez-Reverte el escritor del que más novelas haya leído. No en vano es uno de los más insignes autores de nuestras letras amén de que ocupa un sillón en la Real Academia de la lengua española con la letra T si no estoy mal informada. Aunque no suelo hablar de los escritores autores de las novelas que reseño, Pérez-Reverte fuera de su faceta como escritor y reportero de guerra es bien conocido por sus incisivas declaraciones que difícilmente dejan indiferente a nadie. 

Pero volvamos a la novela, Corso es un buscador de libros, algo así como un sicario que se vende al mejor postor. Recibe la misión de buscar un libro del que sólo existen tres ejemplares. Dos de ellos están localizados, se sabe quiénes son sus propietarios, uno de ellos el propio inductor, Varo Borja, hombre sin escrúpulos que por una ingente cantidad de dinero contrata al no menos carente de escrúpulos Corso. El tercer libro se haya en paradero desconocido y Corso se deberá valer de sus artimañas para dar con él y hacérselo llegar a su pagador. Éste tiene la urgencia de tener en su poder los tres ejemplares ya que entre los tres se esconde la clave para conectar con el ser que le hará partícipe de todo el poder y conocimiento del bien y del mal, y no es Dios. Hasta aquí podría parecer una historia bastante interesante ya que como podemos imaginar no resulta tarea fácil para nuestro protagonista llegando a estar su vida en juego en más de una ocasión. Aparece algún personaje misterioso cuya naturaleza no queda demasiado clara. Por otra parte aparecen rodando por ahí unos manuscritos cuyo autor se sospecha es Alejandro Dumas y sus mosqueteros cuyo papel, (el de los manuscritos), no se acaba de entender en la trama principal. Ahí me perdí un poco, nada extraño en mí por otra parte, pero bueno  sirve para entender el porqué del título y la actuación de algunos de los personajes, aunque, en mi humilde opinión, son tramas paralelas que confunden un poco al lector. 

Se nota que es una novela escrita hace ya muchos años ya que muchos de sus personajes anticuarios fuman mientras están manipulando joyas literarias, incunables de más de 100 años, algo impensable hoy en día. También percibí esto mismo en otra novela que leí no hace mucho de este mismo autor, de temática similar, aunque esta vez los mensajes ocultos estaban en cuadros, éstos eran manipulados por los restauradores mientras fumaban, muchas veces con compuestos químicos presumiblemente inflamables. (La novela en cuestión es La tabla de Flandes cuya reseña quedó olvidada en algún rincón de mi cabeza). En cualquier caso, eran otros tiempos, los profesores fumaban en el colegio mientras daban clase, doy fe, o los médicos con su pitillo en el labio  prescribían la receta. 

Una vez más Pérez-Reverte me abruma con sus tecnicismos y documentación pormenorizada que en ocasiones a mí me resulta tediosa.