Estoy segura de que todos nos hemos imaginado a una persona con solo oír su voz. Escuchamos a ese locutor de radio, de voz sensual y automáticamente le ponemos cara. Lo hacemos incluso con el operario que no nos quiere dar de baja de un servicio via telefónica, pasándonos de una extensión a otra con la música de espera en un bucle cerrado sin fin, así que cuánto más si la persona con la que estamos hablando la conocemos bien.
Pero, ¿y si la conversación es con la persona amada? ¿No nos encantaría ver la cara de nuestro enamorado, cuando decimos que le amamos, sus gestos, sus reacciones?
Como la romántica empedernida que soy, subo un poema, sí un poema mío, de esos que me salen de las tripas. De esos que de manera torpe intentan plasmar sentimientos, mis sentimientos, sí míos. No soy muy prolija en esto de subir mis poemas, si es que merecen ese calificativo, pero hoy siento esa necesidad. Sí, hoy escribo un poema inspirado en la voz al otro lado del teléfono. Sus sensaciones, mis sensaciones.
"Te intuyo al otro lado del hilo telefónico,
imagino tus manos temblorosas marcando mi número,
el número de mi deseo, el número de tu pasión.
Dejo que suenen las señales, una, dos... respiro hondo
me recompongo y a la tercera señal, contesta mi boca
con un corazón dentro que late con fuerza
ahogando mis cuerdas vocales.
"Hola mi vida" suena tu voz acariciando mi cara,
mi cuello, mi espalda.
Tu voz cálida que lame el lóbulo de mi oreja,
encendiendo las alarmas de la costa de mi vientre
como el agua de una presa desbordada.
Y muero a cada palabra tuya
que se esconde en cada pliegue de mi piel,
en mis corvas, en mis ingles.
Te escucho en silencio, me deleito en tu voz,
memorizando y anotando en el bloc de mis entrañas
cada coma, cada acento, cada suspiro.
Suspiros que me arrancas recorriendo kilómetros
hasta llegar a ti perdiendo el norte.
Una rosa de los vientos sin el pétalo de la cordura.
Así te intuyo, así te sueño, así te siento,
así te quiero."
miércoles, 23 de julio de 2014
miércoles, 2 de julio de 2014
LA RIDÍCULA IDEA DE NO VOLVER A VERTE
Sin ser una novela propiamente dicha, este libro me ha conmocionado de algún modo. Rosa Montero nos acerca a través de sus palabras a la muerte que forma parte de la vida, pero no lo hace de una manera morbosa, sino de una manera natural tal vez porque haya algo de natural en un hecho que yo considero antinatural como es la muerte, de lo contrario seríamos capaces de aceptar la muerte de un ser querido como un proceso gripal o algo así. Quizás resulta más fácil aceptar nuestra propia muerte, aunque yo no estoy muy segura de eso, pero de lo que sí estoy completamente segura es de que es imposible aceptar la muerte de un ser querido.
Rosa Montero escribe su libro desde su prisma como viuda doliente que siente la imperiosa necesidad de hablar de su esposo. Pero la novela en realidad se centra en Marie Curie y en los diarios a su esposo fallecido Pierre. A través de ella, Rosa habla de su propia vivencia con la muerte de su esposo Pablo y yo a través de ellas recuerdo mi propia vivencia con la muerte de mi padre, el ser más cercano a mí que perdí hace dos años y medio y que aún a día de hoy no consigo pensarle sin que mis ojos se aneguen en lágrimas.
Un párrafo que considero trascendental del libro es este:
"Sí, hay que hacer algo con la muerte. Hay que hacer algo con los muertos. Hay que ponerles flores. Y hablarles. Y decir que les amas y siempre les has amado. Mejor decírselo en vivo, pero, si no también puedes decírselo después. Puedes gritarlo al mundo. Puedes escribirlo en un libro como este. Pablo, qué pena que olvidé que podías morirte, que podía perderte. Si hubiera sido consciente, te habría querido no más, pero mejor. Te habría dicho muchas más veces que te amaba. Habría discutido menos por tonterías. Habría reído más."
Y yo no puedo evitar pensar en mi padre y en todas las cosas que me quedaron por decirle pero que hago ahora, como hice en una entrada anterior, me dirigí a mi padre y le hablé a él porque sentía esa necesidad, como la siente Rosa Montero o como la sentía Marie Curie.
Aunque es un libro que ha empañado mis ojos en más de una ocasión, no te deja mal cuerpo, casi al contrario, te llena de paz interior, porque uno ve reflejados sus propios sentimientos en él, y se da cuenta de que esas emociones no son tan extrañas. La propia autora lo refleja en otro de sus párrafos:
"De algún modo, el narrador es como un médium: sus palabras son la expresión de muchos. Y al escribir, uno siente ese compromiso, esa pulsión de hablar por los otros o con los otros."
Describiría el libro como una obra que no solo te hace mirar a la muerte y aceptarla como viene sino que te acerca al personaje de Marie Curie, que he de reconocer para mí ha sido un descubrimiento. Lejos de ser una mujer fría, ese era el concepto que yo tenía de ella, era una mujer incansable, curiosa, creativa, luchadora, una mujer ávida de conocimiento y apasionada e intensa en el amor.
Atrévete con este libro que removerá tus entrañas sin causarte dolor.
Rosa Montero escribe su libro desde su prisma como viuda doliente que siente la imperiosa necesidad de hablar de su esposo. Pero la novela en realidad se centra en Marie Curie y en los diarios a su esposo fallecido Pierre. A través de ella, Rosa habla de su propia vivencia con la muerte de su esposo Pablo y yo a través de ellas recuerdo mi propia vivencia con la muerte de mi padre, el ser más cercano a mí que perdí hace dos años y medio y que aún a día de hoy no consigo pensarle sin que mis ojos se aneguen en lágrimas.
Un párrafo que considero trascendental del libro es este:
"Sí, hay que hacer algo con la muerte. Hay que hacer algo con los muertos. Hay que ponerles flores. Y hablarles. Y decir que les amas y siempre les has amado. Mejor decírselo en vivo, pero, si no también puedes decírselo después. Puedes gritarlo al mundo. Puedes escribirlo en un libro como este. Pablo, qué pena que olvidé que podías morirte, que podía perderte. Si hubiera sido consciente, te habría querido no más, pero mejor. Te habría dicho muchas más veces que te amaba. Habría discutido menos por tonterías. Habría reído más."
Y yo no puedo evitar pensar en mi padre y en todas las cosas que me quedaron por decirle pero que hago ahora, como hice en una entrada anterior, me dirigí a mi padre y le hablé a él porque sentía esa necesidad, como la siente Rosa Montero o como la sentía Marie Curie.
Aunque es un libro que ha empañado mis ojos en más de una ocasión, no te deja mal cuerpo, casi al contrario, te llena de paz interior, porque uno ve reflejados sus propios sentimientos en él, y se da cuenta de que esas emociones no son tan extrañas. La propia autora lo refleja en otro de sus párrafos:
"De algún modo, el narrador es como un médium: sus palabras son la expresión de muchos. Y al escribir, uno siente ese compromiso, esa pulsión de hablar por los otros o con los otros."
Describiría el libro como una obra que no solo te hace mirar a la muerte y aceptarla como viene sino que te acerca al personaje de Marie Curie, que he de reconocer para mí ha sido un descubrimiento. Lejos de ser una mujer fría, ese era el concepto que yo tenía de ella, era una mujer incansable, curiosa, creativa, luchadora, una mujer ávida de conocimiento y apasionada e intensa en el amor.
Atrévete con este libro que removerá tus entrañas sin causarte dolor.
martes, 24 de junio de 2014
UN TREN LLAMADO DESEO
Sigo a un bloguero taxista que todas o casi todas sus entradas están inspiradas en lo que sucede en su taxi, o al menos así lo creo yo porque si todo lo que cuenta fuera real sería un fenómeno. Pensando en un viaje que hice recientemente a Madrid se me ocurrió dejar volar mi imaginación e inventarme una historia de amor que perfectamente pudiera ser verídica.
Espero que os guste esta historia de folletín o de película o de la vida misma.
"Bajando del tren nuestros ojos por fin se encontraron, nerviosos, sin saber muy bien qué esperar. Habíamos imaginado ese momento miles de veces, intentando sentir en nuestra piel ese primer contacto visual. Tus ojos negros resultaron ser como un hechizo virtual que se esfumó en el primer saludo, convirtiéndose en un hechizo de verdad del que ya no puedo escapar.
Tantas horas hablando habían hecho que fueras real para mí, real como aquel viaje que había estado dispuesta a emprender, un poco a la aventura. Jamás había hecho nada semejante, pero tomar esa decisión fue una sensación de libertad difícil de definir. Por fin en mucho tiempo me sentí como una mujer, una mujer en toda su expresión, capaz de hacer cosas sola, sin depender de nadie, y eso me hizo sentir especial. Como tus palabras cada atardecer en el chat de la esperanza, del amor y del deseo.
Deseo, una palabra casi olvidada en un rincón del desván. Me sentía deseada, y esa era una de las sensaciones que me hacían vibrar, como las cuerdas de un piano, arrancando de las teclas de mi alma un sonido prodigioso. Tú eras ese virtuoso pianista que hermoseaba mi vida, dándole un nuevo sentido, un motivo más por el que vivir y renacer.
Tantas cosas que nos separaban haciendo de nuestra historia un imposible como la mariposa que se empeña en acercarse a la bombilla candente siendo plenamente consciente del deterioro que eso supone para sus alas, intuyendo que aquello podría significar su muerte. Pero qué más daba, ya estaba muerta, encerrada en un circulo de desencanto, y rutina sin sentido. Sin embargo los nexos de unión entre nosotros eran tan fuertes que nos sentimos como almas gemelas.
Mi cuerpo temblaba como las hojas mecidas por el viento del otoño cuando me abrazaste y sentí el calor de tu cuerpo trasnsmitiéndome tu deseo. Tu deseo por mí, por mi madurez. El roce de tus labios en mis mejillas hacían estremecer hasta las pecas de mi cara, esas que tú te empeñabas en querer contar, por mi cara, por mi cuerpo. Y el deseo se apoderó de mí, obligándome a buscar tu boca, saboreándote como en el más dulce de mis sueños. Tu sabor bajó por mi garganta, quemándome las entrañas de pasión desenfrenada. Tus besos dulces con sabor a fruta joven hicieron que me abandonara a tus deseos y fui tuya en cuerpo y alma volando juntos alcanzando la cima del Everest sin porteadores que llevaran nuestro lastre.
Y el tren pasó rápido, con la velocidad del martín pescador cuando se lanza a por los pequeños e incautos peces que nadan bajo su atenta mirada. Ni siquiera hizo una parada en la estación en la que de repente me encontraba, sola, en el andén de la desesperanza y no hice nada por parar ese tren, ni una señal, ni tú echaste mano del freno de emergencia. Y el tren pasó rápido mientras soñaba que nuestros cuerpos se unían en maravilloso éxtasis. Y el tren pasó y no sé si volverá a pasar."
lunes, 16 de junio de 2014
ROJO PASIÓN
Sé que hace mucho tiempo que no me paso por aquí, no sé si me habréis echado de menos o no, pero yo sí he echado de menos escribir aquí, porque escribir sigo escribiendo mis poesías que tal vez algún día, perdiendo todo pudor, publique en el blog.No es que tenga sequía de ideas o de inspiración, ni siquiera de reseñas, en realidad estoy desbordada, de tal manera que no sé ni cómo plasmar todo lo que siento o lo que se pasa por mi mente.
Intentaré en este mini relato, reflejar parte de lo que me inspiran mis vivencias, o tal vez lo que haga sea escupir las palabras que salen de manera atropellada. Espero que os guste o al menos que paséis un rato entretenido leyéndolo.
"Estaba segura de que todo eso ya lo había vivido, era un déjà-vu, su déjà-vu. Pero de eso hacía mucho tiempo, sin embargo los sentimientos eran los mismos. Los sentimientos de una adolescente de 17 años, enamorada de la vida, del vecino del quinto, del panadero y del profesor de gimnasia.
Su amor por la vida, de succionar cada minuto, la llevaba a amar, amar en general, y a él en particular. En su corazón cabía un regimiento, un regimiento de sentimientos y emociones que a veces se resistían a formar y cuadrarse.
Sus desengaños no la apartaron de amar, esa necesidad pesaba más que cualquier dolor que le hubiera podido producir un desengaño de amor, de amigo, de la vida.
Por eso la llamaban loca. Y es verdad que incluso ella misma llegó a pensar que estaba loca. Loca porque ya no tenía edad para sentirse así, no debería sentirse así. Aunque tal vez ese fuera parte de su encanto, su risa contagiosa rayando en la histeria, su pasión en todo lo que hacía, bailar, cantar, acariciar, besar, amar. El rojo era su color, a menudo pintaba sus labios de carmín rojo, porque así veía ella la vida, un rojo a borbotones desbordantes.
Había intentado ser de otra manera, más comedida, pero no podía, no era ella siquiera si lo intentaba. El amor, la pasión eran temas recurrentes, pero qué podía hacer. Había vuelto irremediablemente a los 17 y no sabía si sentirse afortunada o una pobre desgraciada."
jueves, 8 de mayo de 2014
NO PASA NADA Y SI PASA, SE LE SALUDA
"En su línea habitual: aturdiéndome, confundiéndome, manipulándome y yo estúpida, tragando con todo y adicta a él, necesitándolo. Odiándolo y al tiempo engañándome, justificándolo, diciendome que tal vez tenía motivos para hacer las cosas como las hacía, que que quizás había una razón oculta en su comportamiento, que puede que, en el fondo, me quisiera y que su intención fuera hacerme feliz, aunque solo consiguiera hacerme daño todo el rato."
Así se siente la protagonista, Carla, locutora de radio. Enganchada de una manera irracional a Roberto a pesar de su desdén para con ella.
Me ha gustado muchísimo la novela, creo que es muy real, tan real como la vida misma. Se cruzan en nuestras vidas personas como Marián, como Juan o como Roberto, un hombre con una personalidad tan marcada capaz de abducir a una mujer hasta el punto de justificar su desdén, su desprecio hacia ella, totalmente incomprensible y totalmente real. Los personajes son reales, como de nuestro entorno, como de nuestra propia casa.
Así como en la novela, sin agravios comparativos, La Pasión Turca, no fui capaz de comprender el "enganche" de la mujer al turco por muy bueno que fuera en la cama, de hecho me pareció que era una mujer carente de toda dignidad, que perdió el control de su vida por culpa de un hombre, no lo he visto así en No Pasa Nada. La abducción de Carla es emocional y la entiendo, la entiendo a la perfección.
De hecho en una de mis anteriores entradas, Síndrome de Estocolmo, hablo de ese sentimiento, del secuestrador emocional. Empecinamiento irracional por una persona que te está haciendo daño. Te haces preguntas como las que se hace Carla, "¿pero qué me ha hecho este tío en el cerebro para que haya perdido toda mi dignidad? ¿y por qué no puedo parar de llorar? ¿por qué no puedo dejar de quererlo?"
Personas de esas hay, y como la propia Raquel me dijo "de los "Robertos" hay que huir".
Felicito a Raquel Martos por esta novela dinámica y real que me ha hecho reír a carcajadas, llorar y disfrutar.
Como siempre os digo esta es mi más humilde opinión.
Os dejo enlace de la entrada a la que hago mención.
http://buhonerodelaurora.blogspot.com.es/2014_02_01_archive.html
Así se siente la protagonista, Carla, locutora de radio. Enganchada de una manera irracional a Roberto a pesar de su desdén para con ella.
Me ha gustado muchísimo la novela, creo que es muy real, tan real como la vida misma. Se cruzan en nuestras vidas personas como Marián, como Juan o como Roberto, un hombre con una personalidad tan marcada capaz de abducir a una mujer hasta el punto de justificar su desdén, su desprecio hacia ella, totalmente incomprensible y totalmente real. Los personajes son reales, como de nuestro entorno, como de nuestra propia casa.
Así como en la novela, sin agravios comparativos, La Pasión Turca, no fui capaz de comprender el "enganche" de la mujer al turco por muy bueno que fuera en la cama, de hecho me pareció que era una mujer carente de toda dignidad, que perdió el control de su vida por culpa de un hombre, no lo he visto así en No Pasa Nada. La abducción de Carla es emocional y la entiendo, la entiendo a la perfección.
De hecho en una de mis anteriores entradas, Síndrome de Estocolmo, hablo de ese sentimiento, del secuestrador emocional. Empecinamiento irracional por una persona que te está haciendo daño. Te haces preguntas como las que se hace Carla, "¿pero qué me ha hecho este tío en el cerebro para que haya perdido toda mi dignidad? ¿y por qué no puedo parar de llorar? ¿por qué no puedo dejar de quererlo?"
Personas de esas hay, y como la propia Raquel me dijo "de los "Robertos" hay que huir".
Felicito a Raquel Martos por esta novela dinámica y real que me ha hecho reír a carcajadas, llorar y disfrutar.
Como siempre os digo esta es mi más humilde opinión.
Os dejo enlace de la entrada a la que hago mención.
http://buhonerodelaurora.blogspot.com.es/2014_02_01_archive.html
martes, 6 de mayo de 2014
YA NO ME VEN LLORAR
Hay días que me levanto con una inspiración especial, y me tengo que tirar de la cama apresuradamente para anotar en cualquier papel lo que me viene a la mente antes de que se escape volando por la ventana.
Hoy ha sido uno de esos días, hoy algo se me removió por dentro, algo que me obliga a escribir de sentimientos ahogados, o más bien de sentimientos que se intentan ahogar pero que como un corcho flotan impertinentes y descarados.
Hoy quiero escribir de eso que llamamos amor, que duele, y que si no duele no es amor. Duele porque amas, independientemente de si ese amor es correspondido o no. Los poetas asocian el amor con el dolor, y creo que no se equivocan.
El amor duele.
"Piensan que te olvidé, porque ya no me ven llorar. Creen que mi amor por ti se diluyó, como la acuarela de mis versos.
Piensan que todo fue un encaprichamiento, un enamoramiento pueril que como tal debía llegar a su fin. Como el primer amor de adolescente, que duele con la intensidad de la quemadura de un volcán, pero que queda con el tiempo olvidado en el cajón de las cicatrices pequeñas sanadas por otro amor.
Pero esto no fue un amor de adolescente, fue un amor de madurez, de renovación, de plenitud, de plena consciencia. Piensan que te olvidé, porque ya no me ven llorar.
Sin embargo te cuelas en mis sueños con descaro, atormentándome y haciéndome creer que los pedazos que quedaron de mí se pueden recomponer. Que los lazos que se rompieron en realidad fueron como una cinta elástica que un día te traerán de vuelta a mí.
Y quiero creer que un día será así, que un día recuperaremos lo perdido por culpa de la intensidad febril de las horas de nocturnidad y alevosía. De confidencias a medianoche sin cruces de líneas que llevaran a equívocos. Y piensan que ya te olvidé porque ya no me ven llorar.
Pero lloro, lloro en la intimidad de mi almohada, llora mi corazón con el desgarro de lo perdido, llora porque no te olvidó."
Hoy ha sido uno de esos días, hoy algo se me removió por dentro, algo que me obliga a escribir de sentimientos ahogados, o más bien de sentimientos que se intentan ahogar pero que como un corcho flotan impertinentes y descarados.
Hoy quiero escribir de eso que llamamos amor, que duele, y que si no duele no es amor. Duele porque amas, independientemente de si ese amor es correspondido o no. Los poetas asocian el amor con el dolor, y creo que no se equivocan.
El amor duele.
"Piensan que te olvidé, porque ya no me ven llorar. Creen que mi amor por ti se diluyó, como la acuarela de mis versos.
Piensan que todo fue un encaprichamiento, un enamoramiento pueril que como tal debía llegar a su fin. Como el primer amor de adolescente, que duele con la intensidad de la quemadura de un volcán, pero que queda con el tiempo olvidado en el cajón de las cicatrices pequeñas sanadas por otro amor.
Pero esto no fue un amor de adolescente, fue un amor de madurez, de renovación, de plenitud, de plena consciencia. Piensan que te olvidé, porque ya no me ven llorar.
Sin embargo te cuelas en mis sueños con descaro, atormentándome y haciéndome creer que los pedazos que quedaron de mí se pueden recomponer. Que los lazos que se rompieron en realidad fueron como una cinta elástica que un día te traerán de vuelta a mí.
Y quiero creer que un día será así, que un día recuperaremos lo perdido por culpa de la intensidad febril de las horas de nocturnidad y alevosía. De confidencias a medianoche sin cruces de líneas que llevaran a equívocos. Y piensan que ya te olvidé porque ya no me ven llorar.
Pero lloro, lloro en la intimidad de mi almohada, llora mi corazón con el desgarro de lo perdido, llora porque no te olvidó."
miércoles, 23 de abril de 2014
LA INDOMABLE SOPHIA
"Tienes que leer este libro, la protagonista me recuerda a ti".
Con esta recomendación me lancé a leer este libro de la época victoriana y escrita en la Inglaterra marcada por la estricta moral de la época. La escritora Georgette Heyer ambientó casi toda su obra en el periodo de la Regencia, época precedente a la reina Victoria que se caracterizó por la libertad de costumbres y el pleno disfrute de la vida, cosa que desde luego hace la protagonista de esta novela Sophy.
Sir Horace Stanton-Lacy acepta una misión diplomática en Sudamérica y le pide a su hermana lady Omberley que cuide de su "pequeña" Sophia, y de paso que le encuentre un marido adecuado. Una vez en la mansión de su tía, Sophy descubre que sus primos tienen algún que otro lío pero a ellos les sorprende en gran manera su prima que de "pequeña" tiene poco, es más bien una joven alta, rubicunda, extrovertida e independiente. Echada para adelante intenta por todos los medios que tanto ella como sus primos consigan lo que quieren, saltándose todos los convencionalismos de la época. A Sophy le importa muy poco el qué dirán.
Bueno y ahora ¿qué tengo que ver yo con Sophia? Pues lo cierto es que me sentí muy identificada, ciertamente la persona que me recomendó el libro me conoce bien. Sophia hace lo que la parece más conveniente sin importarle absolutamente nada lo que otros piensen. No consiente ser metida en el molde que la sociedad impone para una joven de la época en la prácticamente todo es poco decoroso e inapropiado. Tampoco yo consiento que se me meta en el molde "estipulado" para una mujer de mi edad. Hago lo que me parece respetando mis propios principios y sí, soy poco convencional, atrevida y extrovertida como mi adorada Sophy.
Me encantó el libro, dinámico y audaz.
Con esta recomendación me lancé a leer este libro de la época victoriana y escrita en la Inglaterra marcada por la estricta moral de la época. La escritora Georgette Heyer ambientó casi toda su obra en el periodo de la Regencia, época precedente a la reina Victoria que se caracterizó por la libertad de costumbres y el pleno disfrute de la vida, cosa que desde luego hace la protagonista de esta novela Sophy.
Sir Horace Stanton-Lacy acepta una misión diplomática en Sudamérica y le pide a su hermana lady Omberley que cuide de su "pequeña" Sophia, y de paso que le encuentre un marido adecuado. Una vez en la mansión de su tía, Sophy descubre que sus primos tienen algún que otro lío pero a ellos les sorprende en gran manera su prima que de "pequeña" tiene poco, es más bien una joven alta, rubicunda, extrovertida e independiente. Echada para adelante intenta por todos los medios que tanto ella como sus primos consigan lo que quieren, saltándose todos los convencionalismos de la época. A Sophy le importa muy poco el qué dirán.
Bueno y ahora ¿qué tengo que ver yo con Sophia? Pues lo cierto es que me sentí muy identificada, ciertamente la persona que me recomendó el libro me conoce bien. Sophia hace lo que la parece más conveniente sin importarle absolutamente nada lo que otros piensen. No consiente ser metida en el molde que la sociedad impone para una joven de la época en la prácticamente todo es poco decoroso e inapropiado. Tampoco yo consiento que se me meta en el molde "estipulado" para una mujer de mi edad. Hago lo que me parece respetando mis propios principios y sí, soy poco convencional, atrevida y extrovertida como mi adorada Sophy.
Me encantó el libro, dinámico y audaz.
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