martes, 20 de enero de 2026

LA SONATA DEL SILENCIO

 

Tan fascinada quedé con la primera novela que leí de Paloma Sánchez-Garnica que sabía que tenía que leer algo más de esta escritora y me decanté por esta historia. Una vez más no tenía ni idea de que incluso se había hecho una serie, voy tarde con eso. Por otra parte prefiero casi siempre quedarme con la lectura y no ver la adaptación al cine o la pequeña pantalla. En cualquier caso no puedo decir más que la historia ha sido tan fascinante como la primera que leí de esta autora La sospecha de Sofía. 

En la novela que nos ocupa hoy, la protagonista Marta Ribas es una mujer culta y de buena posición social que por una acusación falsa de asesinato de su marido, cae en desgracia y se ve obligada a hacer lo imposible para mantener a su hija, a pesar de la corta estancia en la cárcel de su esposo que sale libre gracias a las influencias de un notario, viejo amigo de la familia. Marta tendrá que lidiar con el machismo recalcitrante de la sociedad de la dictadura española en la que, una vez más, la mujer está para ser esposa y madre, ese es su único cometido. Sueños truncados, vecinas llenas de prejuicios que su único aliciente es criticar y cuestionar lo que hacen los demás malmetiendo todo lo posible, abuso de poder y amigos que dejan mucho que desear son los entornos en los que Marta tendrá que actuar y en ocasiones sortear los muchos obstáculos, entre ellos el permiso de su marido, que se le presentan cuando aparece la posibilidad de trabajar como asistente de una acaudalada mujer de negocios. 

Como dije al inicio, la novela me atrapó desde la primera página, sin embargo cometí el error de leer tres novelas de temática similar en poco tiempo, seguidas. La vida de tres mujeres que tienen que enfrentarse al machismo más supino. Ciertamente hemos avanzado mucho en ese sentido, ni las mujeres son menos inteligentes que los hombres, ni son seres inferiores y por supuesto tienen los mismos derechos que los hombres. 

Aunque yo no viví la posguerra, sí recuerdo algunas cosas que se narran en la novela como ir con mi abuela a la calle Limón a comprar carbón o las historias que me contaba de las cosas que conseguía de estraperlo o cómo el café era un artículo de lujo y se engañaba al paladar con achicoria. Es cierto que son cosas muy diluidas en mi memoria, sin embargo ahí están y al leerlo en la novela afloraron. Mi abuela Salvadora tenía muchas historias de esas, de las penurias y estrecheces que conlleva siempre una guerra. 

Me quedó, como ya comenté, un sabor agridulce, así que por una temporada me dedicaré a otro tipo de lectura. 

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